Boletín Agrario Agricultura, Medio Ambiente y Mundo Rural

La verticilosis del olivo

Entre las enfermedades que afectan al olivar la Verticilosis es la que más importancia ha adquirido en los últimos años en España y otros países de la cuenca mediterránea

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La verticilosis es una fitopatología de origen fúngico ampliamente distribuida por toda la cuenca mediteránea para la que no existe cura efectiva. Provocada por el hongo Verticillium dahlia, se introduce en los árboles a través de sus raíces, provocando estragos en los olivares y otros cultivos, no sólo leñosos, ya que también ataca al algodón, al girasol, a las hortalizas e incluso a la maleza.

Verticillium dahliae es un hongo de gran resiliencia y capacidad de adaptación, que puede hospedarse en cultivos tan dispares como el olivar, el girasol, las hortalizas o las plantas ornamentales. Es el causante de la temible enfermedad conocida como verticilosis, que provoca  importantes pérdidas en las cosechas, incluso la muerte de los cultivos, y no menos quebraderos de cabeza para los agricultores de prácticamente todos los países mediterráneos. 

Apoplejía o muerte súbita de un olivo afectado por la verticilosis

Apoplejía o muerte súbita de un olivo afectado por la verticilosis

MAPA

Entre las enfermedades que afectan al olivar, la Verticilosis es la que más importancia ha adquirido en los últimos años en España y en muchos otros países olivareros, incrementando su incidencia de forma paralela al aumento de superficie y de la intensidad de cultivo. La enfermedad está causada por el hongo Verticillium dahliae, un patógeno de suelo que afecta a una gran variedad de cultivos

 Este temible hongo puede sobrevivir en el suelo durante muchos años, incluso en ausencia de plantas hospedadoras. Para garantizar su supervivencia hasta en las condiciones más extremas, Verticillium dahliae forma infinitesimales masas compactas de micelio endurecido que contienen reservas alimenticias. Son los llamados microesclerocios.  Su propagación suele estar asociada al movimiento de materiales contaminados, que pueden ser de la más diversa índole: plantones, residuos vegetales, tierra, agua e incluso aperos de labranza o maquinaria. Los canales de transmisión también son diversos, el patógeno se puede propagar por vía del contacto directo con materia infectada, a través del viento o bien por el agua de riego. Si a todo esto le sumamos que a día de hoy no existen métodos efectivos y rápidos para combatirla, podemos entender por qué es considerada como la plaga más temida actualmente por parte de los olivareros.

La infección fúngica se produce principalmente a través de las raíces de los árboles. Una vez se introduce en el organismo, el micelio pasa al sistema vascular y coloniza el resto de la planta, ocasionando el desarrollo de los síntomas característicos de la verticilosis. En el caso del olivar se reconocen dos patotipos diferenciados, defoliantesno defoliantes.  La primera variante (o aislado) es la más peligrosa, y se caracteriza por una rápida pérdida de hojas, que suele acabar casi irremediablemente con la muerte del árbol en poco tiempo. En el caso de la verticilosis no defoliante, los olivos van decayendo de una forma menos virulenta, y con frecuencia pueden sobrevivir a la enfermedad. 

De forma evidenciable se pueden observar dos tipos de síntomas y daños provocados por la verticilosis del olivo:  El decaimiento lento,  cuyos síntomas son la momificación de las inflorescencias, que se secan permaneciendo adheridas a las ramas, al igual que ocurre con las hojas más jóvenes en los ápices de los brotes, mientras que las hojas viejas se van cayendo. 

En el caso de la conocida como apoplejía rápida, mucho más virulenta (ver en la foto), se observa una rápida clorosis y necrosis de las hojas, así como una rápida seca de brotes y ramaje, que va desde la punta hasta la base de las ramas. Estos síntomas se suelen manifestar en las estaciones de otoño e invierno, cuando los niveles de humedad son más elevados. Si el olivo es adulto estos síntomas de la apoplejía pueden aparecer de forma aislada en determinadas ramas, produciéndose secas parciales. Pero si se trata de una planta joven con escaso porte, lo más probable es que la infección se expanda por todo el árbol.

Otro síntoma apreciable de la verticilosis del olivo es el oscurecimiento del xilema, aunque esto no siempre ocurre. Algo que también sucede con los síntomas antes descritos, un olivo puede no presentar síntoma alguno y aun así estar incubando y desarrollando la enfermedad. Estas infecciones asintomáticas representan un gran problema para la adopción de medidas de prevención temprana y de estrategias para mitigar su propagación. Al peligro de esta asintomaticidad ocasional se le añade el hecho de lo genérico de lo antes descrito. Tales síntomas pueden ser confundidos fácilmente con otros problemas, tanto de carácter patogénico como fisiológico. Es decir, a simple vista se podría diagnosticar una podredumbre de raíces por exceso de riego o bien por infección de otros patógenos como Phytophtora spp.  (causantes de la enfermedad conocida como podredumbre de la raíz). 

Un diagnóstico erróneo, así como la propagación asintomática, pueden acarrear consecuencias catastróficas, ya que la incidencia y severidad de la verticilosis está directamente relacionada con la cantidad de patógeno presente en el suelo. La detección precoz y la adopción de medidas urgentes para aislar el foco infeccioso son la herramienta más eficaz para combatir la enfermedad (si no la única).  Y la única forma de hacerlo de forma totalmente segura es a través del análisis en laboratorio. Actualmente existen técnicas de laboratorio que permiten determinar si una planta está infectada por el hongo aunque no tenga síntomas visibles o si un suelo contiene microesclerocios del patógeno.

De lo aquí descrito se deduce que los nuevos esquemas productivos cada vez más imperantes son mucho más propensos que los tradicionales marcos de olivar de secano tanto a contraer la enfermedad como a provocar su dispersión descontrolada. La mayor humedad provocada por el riego, la menor distancia entre las plantas que caracteriza a los marcos intesivos (ni que decir de los superintensivos), así como el reducido tamaño de los plantones, son factores que favorecen el éxito del hongo causante de la verticilosis.