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La clave del éxito de la Cumbre de Biodiversidad de Nagoya pasa por la Unión Europea

Piden a ministros de la Unión movilizarse en cuestiones económicas y en distribución de beneficios

26-10-2010 por SEO/birdLife SEO/BirdLife exige al Ministerio de Medio Ambiente que presione a sus socios de la Unión Europea para que impulsen un protocolo de ABS justo y un plan estratégico ambicioso vinculante. Una clave importante para el éxito reside en la Unión Europea y los gobiernos de sus 27 países que hasta el momento muestran poco interés en dar cabida a las preocupaciones de las naciones más pobres.

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A mitad de la celebración de la Conferencia Mundial de la Biodiversidad de Nagoya, BirdLife International ve un serio riesgo en abordar cuestiones tales como un tratado vinculante contra la biopiratería y el apoyo financiero suficiente para los países en desarrollo para la conservación de la naturaleza. En su opinión esta cuestión no puede ser acordada por los Jefes de Estado y de Ministros de Medio Ambiente que han llegado a Nagoya.

Una clave importante para el éxito reside en la Unión Europea y los gobiernos de sus 27 países que hasta el momento muestran poco interés en dar cabida a las preocupaciones de las naciones más pobres.

Después de haber incumplido la meta de 2010 de reducir la pérdida de biodiversidad, los líderes mundiales ya están preparados para adoptar una estrategia nueva y ambiciosa y viable para el año 2020 durante la reunión en Nagoya. La UE ha estado gestando este proceso durante el año pasado con un claro apoyo de BirdLife International y otras ONG.

Sin embargo, como es lógico, los países pobres sólo suscribirán un compromiso claro de apoyo financiero hechos por los países ricos, en particular por los Estados miembros de la UE. En Nagoya, sin embargo, estos gobiernos son hasta ahora reacios a poner dinero "fresco" en la mesa. "Si no se mueven por el dinero, se arriesgan a perder todo el paquete de Nagoya que necesitamos con tanta urgencia para salvar a nuestro planeta de la destrucción", dijo Konstantin Kreiser, experto BirdLife sobre las negociaciones financieras en Nagoya.

La semana pasada, BirdLife y Conservation International presentaron una estimación que mostró que los países en desarrollo necesitan al menos 15 billones de dólares al año adicionales para la expansión y una mejor gestión de las áreas protegidas.

Al mismo tiempo, los economistas han presentado pruebas sobre los beneficios económicos que ofrecen por sí solas las áreas protegidas - que sería 500 veces mayor que la inversión que necesitan ahora. "Los recortes del presupuesto público no son excusa. La inversión en biodiversidad es el área que más beneficios a corto y medio plazo tanto en retorno económico como en puestos de trabajo y además cumple con los intereses estratégicos de muchos de nuestros países europeos", dice Kreiser.

"Acreditados economistas han calculado que no intensificar los esfuerzos en diversidad biológica nos costará el 7% del PIB mundial en 2050. Sin mencionar los conflictos de recursos, los refugiados y la inestabilidad política que se producirá cuando los ecosistemas se colapsen"

La UE también debe poner fin a su bloqueo de un tratado vinculante contra la biopiratería. Este llamado Protocolo sobre Acceso y Participación en los Beneficios (ABS) por fin permitirá a las naciones en desarrollo acceder a una parte de los beneficios de la industria que obtienen de los microbios, animales y plantas, que se encuentran en sus propios países. Hasta ahora, el sector farmacéutico en particular, realiza la explotación de estos recursos sin su consentimiento y participación de los propios estados. Un protocolo vinculante de ABS podría terminar con esta biopiratería e incentivar a los países en desarrollo a proteger sus hábitats naturales. Desafortunadamente, bajo una fuerte presión de los lobbies de la industria, políticos europeos tratan de crear puertas falsas en el protocolo que los países pobres nunca aceptarán. "Un trato justo sobre el ABS es el requisito previo para el progreso en cualquier otro tema en esta conferencia", concluye Kreiser.