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Manual de técnicas para una viticultura de montaña sostenible

Experiencias del proyecto PRIORAT "Haciendo compatible el desarrollo de la viticultura de montaña con los objetivos de la Carta Europea del Paisaje"

17-05-2007 por Josep Lluís Pérez Verdú / Alvaro Feliu Jofre Este manual es el resultado del proyecto PRIORAT "Haciendo compatible el desarrollo de la viticultura de montaña con los objetivos de la Carta Europea del Paisaje", cofinanciado por el programa LIFE de la Unión Europea y coordinado por la Fundació Fòrum Ambiental. Las técnicas que se presentan son el fruto de quince años de experimentación en el Priorat en la viticultura de montaña sostenible

Este Manual tiene por objeto describir y evaluar la versión más evolucionada de las técnicas desarrolladas por Mas Martinet, con el soporte del proyecto Life-Priorat, para avanzar hacia una viticultura de montaña sostenible. Asimismo, el Manual aporta conocimiento útil para orientar la toma de decisiones en la viticultura de montaña.

Los aspectos técnicos, ambientales y económicos de la viticultura de montaña se abordan de forma sintética y práctica, pero sin evitar su complejidad. El Manual también pretende ser divulgativo, por lo que se describen términos o conceptos que pueden resultar familiares para los profesionales del sector, pero que ayudarán a entender su contenido a otras personas menos expertas interesadas en la viticultura, ya sea desde el ámbito de la producción o del consumo.

La viticultura de montaña se caracteriza por las fuertes pendientes naturales de los terrenos sobre los que se implanta1. A ello hay que añadir, en las zonas mediterráneas, un régimen pluviométrico caracterizado por una precipitación anual baja o media (entre 400 y 600 mm), pero con episodios de lluvia muy intensa, que con frecuencia alcanzan los 100 mm en unas pocas horas, y en uno o dos días pueden llegar a superar los 200 mm. Estos aguaceros torrenciales tienen una gran capacidad erosiva y son capaces de desmantelar toneladas de suelo por hectárea.

 
Paisaje de viñedo de montaña con aterrazamiento sostenible

Tradicionalmente, la viticultura mediterránea de montaña ha superado estos condicionantes naturales adversos empleando técnicas muy laboriosas de contención del suelo, mediante pequeñas paredes de piedra seca, sin producir una transformación significativa de la morfología del terreno. Además, estas paredes facilitaban el trabajo, necesariamente manual, al disminuir la pendiente de cada bancal. En otros casos, el viticultor ha convivido con la pendiente y la erosión, aceptando unas cepas poco productivas debido a la falta de suelo fértil y a la irregularidad climatológica. Estas técnicas, basadas en una mano de obra abundante y barata, que compensaba la baja productividad, han ido conformando a lo largo de siglos un paisaje muy característico, de fuerte personalidad y armonía, sobre el que se ha llegado a construir una parte de la identidad de algunas comarcas.

Las viñas viejas que han perdurado hasta la actualidad constituyen un patrimonio que debe conservarse en lo posible. No obstante, salvo casos con finalidades muy específicas, la viabilidad económica de las nuevas plantaciones ya no es posible con las técnicas tradicionales. La competencia creciente asociada a la globalización de los mercados del vino, unida a unas condiciones naturales poco favorables para la mecanización del cultivo, obliga a las regiones vitivinícolas de montaña a introducir cambios en la forma de explotación de la viña y a innovar en su estrategia productiva y comercial:

  • Aplicar nuevas técnicas que permitan incrementar la productividad, manteniendo o, en lo posible, aumentando la calidad de la uva.
  • Diferenciarse en el mercado elaborando vinos que conjuguen una buena calidad de base con una fuerte personalidad, aprovechando de forma inteligente los activos naturales y humanos disponibles.

La supervivencia a largo plazo de la viticultura de montaña, pensando en las generaciones futuras, requiere además que su viabilidad económica sea robusta, con una baja vulnerabilidad a las inevitables fluctuaciones del mercado.

Ahora bien, la prosperidad y estabilidad económicas de la viña de montaña no pueden lograrse a costa del medio ambiente. Paralelamente al gusto por los buenos vinos, ha aumentado la sensibilidad social por la protección ambiental. En particular, los paisajes de montaña aportan valores naturales, estéticos, sociales y económicos que es preciso preservar. La simbiosis entre paisaje y cultura del vino está dando lugar a un nuevo sector turístico, el turismo enológico, que en algunas regiones podría llegar a ser económicamente tan relevante como la propia viticultura y la actividad bodeguera derivada.

Una de las técnicas principales para aumentar la productividad de la viña de montaña es la formación de terrazas para hacer posible la mecanización del cultivo. El abancalamiento del terreno con técnicas rudimentarias, poco reflexionadas, supone en mayor o menor grado la quiebra del paisaje y la multiplicación de la erosión al concentrar los flujos de agua. El aterrazamiento arbitrario es ambientalmente insostenible y en zonas especialmente sensibles puede llegar a poner en riesgo la continuidad de la actividad vitivinícola.

Pero el paisaje tampoco tiene por qué momificarse; el territorio ha de ser vivo, ha de permitir el trabajo productivo, siempre que se haga de forma armónica, sin empobrecer sus vistas más emblemáticas.

Tan malo es el abandono de la viña y la pérdida del paisaje en mosaico, como la proliferación de viñas groseramente abancaladas, que monopolicen el territorio debido a su baja productividad. El paisaje ha de ser también accesible, abierto, ha de favorecer el contacto entre la viticultura y la sociedad, siempre de forma compatible.

En el área mediterránea existe además un alto riesgo de erosión de suelos pobres y escasos, que constituyen un recurso natural de alto valor. En las zonas más áridas, la erosión puede ser el principio de procesos de desertificación muy difíciles de revertir.

Por tanto, un medio ambiente frágil es otro de los condicionantes básicos que la nueva viticultura de montaña ha de internalizar, especialmente la mediterránea.

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