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Adiós a la ultraactividad sine díe: ¿El principio del fin de los convenios colectivos en España?

Este lunes 8 de julio vence el plazo para que entren en vigor los cambios de la reforma laboral que eliminan la vigencia sine die de los convenios colectivos en situación de ultraactividad

07-07-2013 por Alonso Aguilar El viernes 5 de julio el sector de la fabricación de helados vivía una jornada de huelga total convocada por los sindicatos CCOO y UGT, que reclaman a la patronal retomar las negociaciones sobre su convenio colectivo, vencido hace ya tres años. Un conflicto sectorial tras el que planea la sombra de la entrada en vigor de una nueva normativa que afecta a millones de trabajadores en toda España

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Parte II

El compromiso no es garantía

En cierta forma, con la entrada en vigor de esta nueva norma, la continuidad y permanencia de los convenios colectivos ha pasado de estar garantizada por el mecanismo de ultra actividad sine díe (sin fin) a una suerte de "código de buenas prácticas" en el que se emplaza a la buena fe de las partes para resolver su conflicto en un plazo determinado. Un tiempo que, como señala la rotundidad de las cifras, se presenta claramente insuficiente para multitud de casos. Y si algo caracteriza a los compromisos es que pueden cumplirse o no... y la historia nos cuenta que la nobleza, efectivamente, jamás obligó a casi nada que no fuera evitar ser pisado por otro de más arriba. Y como es bien sabido, la clase obrera («operarios» en neolengüés) siempre estuvo abajo. Todo esto me hace ser pesimista de cara al futuro de las negociaciones laborales, y creo que el caso de los helados no va a ser excepción a partir de ahora. En absoluto. 

 
Fátima Báñez, ministra de Empleo y Seguridad Social del Gobierno de España.

Porque no se puede olvidar que existen patronales que desean precisamente la extinción de los convenios, es decir, la supuesta medida de presión diseñada por el gabinete de la ministra Báñez para obligarlas a pactar: Más o menos sería como decir «niño, como no te comas las lentejas te doy helado». Porque poco efecto puede tener dicha amenaza si lo que se pretende es precisamente eso mismo. Si lo que pretendían era acabar con tanto litigio laboral abierto eternamente quizá hubiera tenido más efecto imponer subidas salariales automáticas por encima del IPC a los convenios en situación de ultra actividad, pero eso no se les ocurrió a los asesores del Gobierno, ¿cierto?.

A casi nadie se le ha olvidado que el motivo de la Reforma Laboral de 2012 era en teoría  fomentar el empleo, para lo que se plantearon medidas que buscan más "flexibilizar" el mercado que incentivar las contrataciones. Vista desde dicha perspectiva, en mi opinión esta norma que entra en vigor no se justifica en forma alguna, a no ser que se niegue la mayor, claro. Porque, ¿puede alguien hacerlo? Eso sí, como he dicho, sin recurrir al verdadero trasunto que, creo firmemente, hay tras la norma. Y es que sucede que existen quienes confunden derechos laborales con trabas al progreso y precariedad con competitividad (mientras tanto se desmantela literalmente la ciencia española, pero esa es otra larga historia). Unos afectados por el mal de la ignorancia interesada que, viendo el transcurrir de las cosas, está claro que (como siempre) mandan mucho.

El poder sindical 

 
Concentración de trabajadores de Kalise en Las Palmas de Gran Canaria
• 05-07-2013  

Pero tanto dominio puede hacer que al dominante se le nublen los sentidos. Y por el bien de todos no deberían ser tan sumamente olvidadizos. Tampoco tendrían que estar tan seguros de la supuesta "docilidad" y "aburguesamiento" de los sindicatos mayoritarios que tanto criticamos unos y otros. Porque es precisamente en el conflicto donde estos imprescindibles agentes sociales muestran su auténtico poder, que jamás residió ni en convenios, ni en marcos, normativas o juzgados. Mucho menos en subvenciones, gárrula infantería de retaguardia televisiva y pandereta (asqueado me tenéis con vuestro continuo insulto a la inteligencia, tertulianos cavernarios). Más bien ocurre que es todo lo contrario, que estas fueron las grandes renuncias, con prescripción de opiáceos, que hicieron los sindicatos de clase en aras de lo que se conoce como consenso. El mismo que algunos otros decidieron sepultar hace ya años, aunque las cúpulas sindicales se resistan a aceptarlo. 

Porque el verdadero poder de los sindicatos radica precisamente en la importancia de sus bases, así como en su enorme capacidad para movilizar organizadamente a las clases trabajadoras, desde Las Palmas hasta Barcelona, como está evidenciando el caso de la industria de los helados (y que atestiguan las imágenes que adjunto, cortesía de CCOO). Quizá tanta confusión radique en que tales zarandajas no se enseñan en ciertas escuelas privadas de negocio, poco dispuestas a perder su costoso tiempo "lectivo" en esa cosa informe que tienen catalogada como "masa laboral". Especialmente si se tiene en cuenta que los próceres europeos, los representantes de los prestamistas digo, andan por los mismos pagos. No hay más que mirar sus currículos para entenderlo (los que lo tengan, ojo, porque hay quienes ni eso).

 Pues les digo una cosa, a unos y a otros: La sorpresa que se pueden llevar es de órdago, que con su presión no están haciendo otra cosa sino despertar al gigante, que está menos tocado de lo que creían.

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