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Amflora, la patata de la discordia

Reportaje en el que analizamos la aprobación del cultivo de la patata transgénica Amflora

06-03-2010 por boletinagrario.com Este pasado martes 2 de marzo, la Comisión Europea anunció la aprobación para el cultivo y comercialización para uso industrial de la patata Amflora, variedad modificada genéticamente. Se trata de la segunda vez que un transgénico recibe el visto bueno de Bruselas para su cultivo dentro del territorio europeo y hay que remontarse hasta 1998, cuando el maíz MON 810 fue aprobado.

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Este pasado día 2 de marzo, una renovada Comisión Europea autorizó por primera vez desde 1998 el cultivo y comercialización de un nuevo producto modificado genéticamente. Se trata de la patata Amflora (código EH92-527-1), y se autoriza su cultivo, importación y venta para fines industriales. Según nota distribuida por la multinacional alemana BASF, propietaria de esta nueva variedad, "[.] la industria se beneficiará del almidón de alta calidad contenido en Amflora ya que optimizara sus procesos industriales. Por ejemplo, proporciona mayor brillo al papel, y el hormigón y los adhesivos pueden procesarse durante un período de tiempo superior. Todo ello reduce consumo de energía, aditivos y materias primas como el agua [.]".

El secreto de esta patata que parece capaz de revolucionar sectores como el textil o la industria del papel y los adhesivos, está en su composición, concretamente en la ausencia de amilosa en su almidón. Como muchos de nuestros lectores sabrán, la patata está compuesta en un 80% por agua, mientras que el 20% restante es almidón, amilopetina y amilosa en proporción 3/1, respectivamente. Este 25% de amilosa en el almidón de la patata original debe ser eliminado en los procesos industrales, algo que se evita con esta nueva variedad manipulada genéticamente.

Genes marcadores y resistencia a los antibióticos

Desde BASF recalcan en su comunicado que Amflora está destinada al uso industrial. Aunque el hecho es que la solicitud original que presentaron en el año 2006 incluía también la creación de pasta para consumo humano. Tampoco mencionan la posibilidad de su introducción indirecta en nuestra cadena alimentaria, advertencia que aparece en diversos informes, al haberse aprobado también el uso de su fécula para la producción de piensos para animales. Si a todo esto le sumamos la existencia de informes emitidos por las más altas instancias sanitarias alertándonos del peligro de este cultivo, a la vez que hay otros que minimizan tales informaciones, amén de la gran cantidad de intereses que existen en este asunto, se entiende el enorme escándalo que se ha formado. Especialmente si tenemos en cuenta las circunstancias en las que se ha producido esta decisión.

Resulta muy sorprendente que la primera decisión que ha tomado el nuevo Comisario Europeo de Sanidad y Protección al Consumidor sea de tan enorme calado. Al desatar este nudo, que llevaba más de doce años fuertemente amarrado por parte de las instituciones europeas, el maltés John Dalli ha abierto también la caja de los truenos. Son muchas y muy diversas las voces que se han alzado en contra de la aprobación de la Amflora, tanto es así que el propio gobierno italiano anunció la creación de un frente activo de oposición a esta medida, apenas se conoció la decisión.

"Desde que surgieron los primeros cultivos de carácter comercial manipulados genéticamente allá por 1994, Bruselas tan sólo había aprobado la producción de un cultivo en territorio europeo, el maiz MON810, en el año 1998"

Una polémica medida sin dudas abalada por Durao Barroso, según denuncian diversas organizaciones españolas. Un comunicado firmado por grupos ecologistas, organizaciones de consumidores y, esto es lo más destacable para nuestra publicación, COAG, una de las organizaciones agrarias más importantes de nuestro país. A este respecto podemos leer:

"[.]Parece increíble que la primera decisión de la Comisión sea autorizar un cultivo transgénico tan peligroso. En seis años, Barroso no ha podido ocultar las evidencias científicas que cuestionan la seguridad de la patata transgénica. La nueva Comisión ha tomado esta grave decisión sin un debate con todos los comisarios; el nuevo comisario Dalli, cuya misión es proteger a los consumidores, ha tomado una de sus primeras decisiones sin considerar ni la opinión pública ni la seguridad con el objetivo de complacer a la mayor empresa química del mundo.[.]"

Las evidencias científicas a las que se refieren son las advertencias realizadas por parte de la Organización Mundial de la Salud y la Agencia Europea del Medicamento, conocida por sus siglas en inglés como EMEA [1], así como añaden que"[.]resulta especialmente llamativo el hecho de que se hayan dado desacuerdos sin precedentes en varias evaluaciones de la patata Amflora incluso en la protransgénica Agencia Europea de Seguridad Alimentaria[.]" , aludiendo al informe negativo específico realizado por la EMEA a instancias de la Comisión Europea. [2]

Más permisos a importaciones de transgénicos

No sólo la patata EH92-527-1 ha sido aprobada en esta polémica decisión de la Comisión. También se ha regulado la importación de tres nuevas variedades de maiz de la multinacional Monsanto (MON863xMON810, MON863xNK603 y MON863xMON810xNK603). Aunque este hecho no es algo tan reseñable, ya que la importación de productos transgénicos es aprobada por parte de la Unión Europea regularmente. Ésta es una de las principales cuestiones a tener en cuenta en el importante debate que se reabre estos días. También aquí encontraremos la clave que nos ayudará a comprender mejor el contexto de esta decisión.

"Así, mientras se ha ido vetando sistemáticamente el desarrollo de cultivos en territorio europeo, las importaciones de productos trangénicos no han dejado de crecer durante todos estos años"

Desde que surgieron los primeros cultivos de carácter comercial manipulados genéticamente, allá por 1994, Bruselas tan sólo había aprobado el cultivo de una variedad de maiz, el MON810. Y eso fue en 1998, hace ya 12 años . Desde entonces se viene cultivando en cinco países de la Unión Europea, siendo España, con más de 76.000 hectáreas cultivadas, su mayor productor a nivel Comunitario. Hasta el año pasado existían en nuestro país hasta 88 variedades de maíz trángénico autorizadas para su cultivo, 69 de las cuales estaban registradas en España, miestras que las 19 restantes lo estaban a través del Catálogo Europeo de Variedades Vegetales.

En cifras globales, basta decir que las 76.057 hectáreas destinadas al cultivo del maíz Bt, como se conoce popularmente al maíz transgénico protegido contra plagas del taladro, supuso este pasado año 2009 hasta un 21,8% del total del maíz producido en nuestro país, una cifra récord desde que dio comienzo su cultivo en el año 1996. Pero incluso en este ámbito la balanza producción importación sigue siendo negativa para nuestra agricultura. Según los datos de mayo del año 2009, existían en esa fecha hasta 123 variedades del Monsanto 8010-6 autorizadas para la comercialización en el mercado nacional. [3]

Esta semana conocimos también, a través de un comunicado difundido por el grupo ecologista Amigos de la Tierra [4], el estudio realizado por la Agencia Española de Seguridad Alimentaria, en el que se asegura que hasta el 15% de los alimentos a la venta en supermercados que contienen maíz o soja, están "contaminados" por transgénicos. Asegurando también en este comunicado que "[.]sin que figure en la etiqueta y el consumidor tenga posibilidad de evitarlo. Entre los productos contaminados hay leches y papillas infantiles, galletas, bollería o platos preparados[.]".

Cambios en el seno de la Comisión Europea

 
./galeria/imagenes/4/84.jpg: Archivo fuente desaparecido

El motivo de esta disparidad de posturas en la cuestión transgénica hay que buscarlo en el propio seno de la Comisión Europea, especialmente en las diferencias de opiniones existentes entre los anteriores comisarios y sus respectivos ámbitos de influencia. Especialmente relevante en esta cuestión es la figura de Stavros Dimas, el anterior Comisario Europeo de Medio Ambiente. El suyo es un caso bastante peculiar. Político de carácter marcadamente conservador, su designación en el cargo causó un profundo malestar entre los sectores más cercanos al movimiento conservacionista.

Su pasado como ministro de Industria en Grecia y, especialmente sus credenciales en el sector privado como abogado de Wall Street, provocaron el rechazo absoluto por parte de Los Verdes. Pero el griego pronto demostró que estaba muy comprometido con el Medio Ambiente, ganándose el respeto de quienes lo consideraban "poco adecuado para el cargo".

En el ámbito de los organismos modificados genéticamente fue inflexible, oponiéndose en todo momento a permitir la introducción de nuevas variedades de cultivo transgénico en el territorio europeo. Aunque en la propia nota de prensa emitida por BASF intentan minimizar esta oposición frontal por parte del anterior comisario, el hecho es que durante su mandato en Medio Ambiente todas las solicitudes de cultivos trangénicos en territorio europeo fueron rechazadas, especialmente las de la propia Amflora. Durante su mandato solicitó informes a las diversas agencias, haciendo frente en más de una ocasión a los defensores de los transgénicos, representados especialmente por la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria. Así, mientras se ha ido vetando sistemáticamente el desarrollo de cultivos en territorio europeo, ámbito en el que la Comisión de Medio Ambiente tiene claras competencias, las importaciones de productos trangénicos no han dejado de crecer durante todos estos años.

La postura adoptada en este asunto por parte de Janez Potocnik, nuevo Comisario de Medio Ambiente, ha sido otra bien distinta, algo que ha demostrado en cuanto se le ha presentado la ocasión, cosa que, por otra parte, no ha tardado en suceder. El hasta ahora responsable de la cartera de Ciencia e Investigación, famoso por muchas de las decisiones tomadas en esta etapa, como la aprobación y apoyo a la investigación con células madre, ha dado en este caso el sí con su silencio, sin oponerse a esta decisión. Esto supone un cambio radical en la política de la Comisión de Medio Ambiente respecto al fomento de los cultivos transgénicos en el territorio europeo.

Este nuevo giro en la política agraria europea se produce en un momento de renovación en el seno de la Comisión Europea, algo que ha tenido muchas implicaciones en el asunto, más allá del cambio de titular en la cartera de Medio Ambiente. Un papel protagonista lo tiene el ya citado Comisario de Sanidad y Protección al Consumidor, John Dalli, que apenas ha necesitado tres semanas en el cargo para desatar una de las mayores polémicas de los últimos años. "Estoy escandalizado de ver que el comisario de Salud y de Protección de los consumidores John Dalli sólo necesitó unas semanas en sus nuevas funciones para manifestar un apoyo tan flagrante a los intereses industriales", declaró en un comunicado el eurodiputado alemán Martin Häusling, recalcando las "serias inquietudes acerca del gen", refiriéndose al gen marcador que portan las células modificadas de la patata Amflora . Por su parte, Corinne Lepage, vicepresidenta de la comisión de Medio Ambiente del Parlamento Europeo, consideró que "esta decisión de reanudar las autorizaciones de diseminación de OMG en el medio ambiente, evitando el debate sobre sus riesgos, es inaceptable".

Dalli hace frente a este aluvión de críticas apelando a la existencia de informes favorables a la aprobación de la Amflora: "[.]Tras un examen completo y en profundidad de cinco casos de OGM que estaban a la espera, me ha parecido evidente que ninguna cuestión científica nueva debía ser más analizada que antes. Todas las cuestiones científicas, sobre todo en cuestiones de seguridad, han sido escrupulosamente examinadas[.]", señalando también que los distintos estados miembros tienen absoluta libertad para no aprobar este nuevo cultivo en sus respectivos países.

Y es que las decisiones de la Comisión Europea en esta materia permiten a los diversos estados miembros aplicar políticas restrictivas en su territorio. En el hasta ahora excepcional caso del maíz MON-810, seis países del entorno europeo cuentan con leyes que prohíben su cultivo y comercialización. Han aplicado políticas restrictivas Austria, Grecia, Hungría, Luxemburgo y, algo enormemente destacable, Francia y Alemania, sin duda las dos principales potencias de la Unión, con permiso y baja voluntaria por parte del Reino Unido.

 
Publicidad de BASF sobre la patata Amflora
• 06-03-2010   BASF  

Folleto publicitario en el que se destacan las propiedades mejoradas de la patata Amflora.

Las Organizaciones Agrarias españolas están divididas

La producción transgénica, sus usos y regulación, es vista por los propios sectores productivos de muy distinta forma. Ante el rechazo frontal por parte de la Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos, es conocida la postura favorable a este tipo de cultivos por parte de ASAJA.

La postura adoptada por la otra gran organización agraria de nuestro país, la Unión de Pequeños Agricultores, muestra una posción más ambigua. Esta semana, UPA solicitaba al MARM la regulación de la coexistencia de cultivos transgénicos con los convencionales y que, especialmente, asegure la protección de las producciones ecológicas. En su comunicado se podía leer:

"[.]Consideramos que son varios los beneficios que la biotecnología aporta y que puede aportar en un futuro, tanto para los agricultores como en beneficio de los consumidores.

No obstante, desde UPA estimamos que las aplicaciones biotecnológicas dirigidas a la producción de alimentos transgénicos presentan riesgos potenciales, poco conocidos y difíciles de predecir, tanto en el ámbito de la salud, medio ambiente y el modelo tradicional de agricultura.

De ahí que UPA reclame la necesidad de tomar determinadas precauciones, ante este tipo de alimentos y en demanda de garantías para el agricultor y consumidor sobre el control, calidad, responsabilidad y seguridad de estos productos.Consideramos que son varios los beneficios que la biotecnología aporta y que puede aportar en un futuro, tanto para los agricultores como en beneficio de los consumidores.[.]"

También recordaban desde UPA el peso específico de nuestra agricultura en la producción del maíz transgénico, asegurando además que "[.]desde UPA defendemos la libertad de los productores a la hora de la elección sobre el tipo de cultivo al que opten, ya sea convencional, ecológico o transgénico[.]".

Por su parte, UPA Andalucía parecía desmarcarse de esta línea marcada por su coordinadora nacional, adhiriéndose al manifiesto de ASAJA Sevilla en el que se aplaude y apoya incondicionalmente la decisión adoptada por parte de la Comisión Europea, instando además a continuar con las políticas aperturistas a través de la aprovación del cultivo de algodón transgénico. En el comunicado de ASAJA Sevilla podemos leer en sus titulares: "ASAJA-Sevilla lamenta que algunas organizaciones retrógradas e inmovilistas, continúen negando la evidencia, den la espalda al progreso y sigan asustando infundadamente con falsos temores a la ciudadanía"

Sin lugar a dudas gruesas palabras, más teniendo en cuenta que también hacen referencia directa a COAG, con quien forma parte de la Alianza para la Unidad del Campo, además de la UPA. Una alianza que se ha mostrado sólida durante los últimos meses, manteniendo una unidad que les ha permitido hacer causa común en frentes tan importantes como la Política Agraria Común o los acuerdos entre la Unión Europea y Marruecos.

Aunque en el caso de la patata Amflora esta alianza no parece que se vaya a reproducir. Más bien todo lo contrario.

Un reportaje de Alonso Aguilar para boletinagrario.com

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