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Un estudio cuantifica los beneficios de la cero labranza combinada con barbechos en zonas áridas

Realizado por los científicos estadounidenses de la estación experimental del ARS en Akron, Colorado

11-01-2011 por Boletín Agrario El ahorro de agua en zonas áridas es algo fundamental para desarrollar su agricultura. Esto sucede en el centro de las Grandes Llanuras de los Estados Unidos, donde cada gota de lluvia o nieve derretida es un tesoro para sus agricultores. Científicos del Departamento del Agricultura de este país han demostrado cómo puede ayudar la labranza cero a la mejora de las técnicas de barbecho

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Miembros del centro de investigación de Akron
• 11-01-2011   ARS / USDA  

Agrónomo David Nielsen (derecha) usa una sonda de neutrones. El técnico Martin Walker utiliza reflectometría de dominio de tiempo para evaluar la cantidad de agua del suelo utilizada por el trigo de invierno, en un estudio de rotación de cultivos alternativos.

Conservar la humedad en los terrenos agrícolas es algo de gran importancia en líneas generales. Pero esto se convierte en una cuestión fundamental cuando nos referimos a zonas con escasa pluviometría, donde cada centímetro cúbico del líquido elemento que pueda permanecer en la tierra es un logro tan deseado como necesario.

Esto es lo que le ocurre a los agricultores del Centro de las Grandes Llanuras de los Estados Unidos, en este caso los cultivos de trigo .Un equipo de investigación del centro experimental del ARS en Akron, Colorado, dirigido por el científico del suelo Merle Vigil, ha cuantificado el valor económico del agua, estableciendo que una sola pulgada de agua conservada revierte a los agricultores de la zona un ahorro de 25 a 30 dólares por acre.

El estudio revela además que labrar los campos de cuatro a seis veces en un período de 14 meses provoca una pérdida hídrica de 3 acres-pulgada o, lo que es lo mismo, algo más de 0,3 metros cúbicos de agua por cada 0,4 hectáreas, una pérdida provocada por la evaporación que se produce tras remover la tierra con medios mecanizados.

También han tenido en cuenta el coste en combustible que supone la labranza, calculándolo entre 24 y 48 dólares por cada seis veces que se labra un acre de terreno. "Si se agrega estos gastos a los asociados con la pérdida de agua, el total es de 99 a 138 dólares por acre en pérdidas para el agricultor", indican desde el ARS.

El trigo del Centro de las Grandes Llanuras sólo se siembra cada dos años, alternándolo los agricultores con ciclos rotacionales de barbecho. El veterano centro experimental de Akron lleva casi veinte años investigando sobre los mejores cultivos y tratando de reducir estos períodos de barbecho. El nombre del estudio es "Rotaciones de Cultivos Alternativas", más conocido por sus sigas en inglés, ACR.

El centro dirigido por Vigil es realmente veterano, con una historia que se remonta a los 103 años de antigüedad. También es grande su área de actuación, incluyenzo zonas de Wyoming, Nebraska y Kansas, además de Colorado. En conjunto la superficie de cultivos duplica a todas las de la propia California. Forman parte de este estudio un grupo de aproximadamente 140 agricultores. El proyecto más diverso del ACR usa trigo, maíz, mijo y barbecho en un ciclo de cuatro años, aunque también incluye cultivos rotacionales de dos y tres años, donde el trigo es el cultivo fundamental, incluyendo también, aparte de los ya citados, a leguminosas, girasol o triticale.

Rotación de cultivos y labranza cero

El conjunto de técnicas ancestrales que conocemos como labranza cero consiste sencillamente en introducir las semillas en el terreno sin una preparación previa, o al menos escasa, omitiendo así las tareas de labranza. Una costumbre que se pierde en los albores de la agricultura y que presenta un gran número de beneficios, siendo considerada, al igual que la rotación de cultivos, como parte de la agricultura de conservación. La conservación de una capa orgánica que proteja el terreno del sol, la lluvia y el viento permite que los microorganismos y la fauna del suelo sean los encargador de "arar" este suelo, manteniendo así el equilibrio de los elementos nutritivos, unos procesos naturales que la mecanización de las tareas de ara alteraron considerablemente.

El estudio elaborado por el equipo de Akron demuestra que los agricultores de esta zona podrían conservar mejor "las [entre] 14 y 48 pulgadas preciosas de lluvia o nieve derretida", que se registran al año en diversas áreas del Centro de las Grandes Llanuras. En el caso del trigo, la combinación de cultivos rotativos con la cero labranza demuestra ser más rentable a partir del primer año, mientras que en el caso del maíz este ahorro se empieza a producir a partir del segundo año.

"La idea es conservar las precipitaciones en el suelo durante los meses secos", explica Merle Vigil, quien además añade respecto a la labranza que "antes era una buena idea, pero hoy no es ni económica ni medioambientalmente rentable". El barbecho pierde entre un 65 y un 80 por ciento del agua a causa de la evaporación, según el estudio, que además destaca la merma que se produce en la conservación de los suelos y la perdida de la materia orgánica natural. Vigil también explica que, a mayor cantidad de agua conservada en el terreno, más eficientes son los ciclos de barbecho, llegando incluso "en algunos casos, al cultivo continuo sin barbecho de verano".

El estudio económico establece finalmente que, en el caso de una de las rotaciones más rentables, la siembra directa de trigo y mijo, los ingresos netos de una granja de 160 acres podrían aumentar en 1.300 dólares anuales. Un buen motivo para apostar por la agricultura de conservación.

Puedes consultar la noticia del ARS aquí (en inglés).

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